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domingo, 16 de octubre de 2011

El Caminante

Había caminado la historia,
sabía lo que venía.
Sonrió una última vez
y apagó su tenue luz,
antes de empezar, 
antes de terminar,
antes de que todo sea.
Como un grito en el vacío,
nadie escuchó su presencia
ni dejó huellas que el hombre pueda seguir.

Una evaporada lágrima más en la mejilla del tiempo,
eso dicen que es,
eso dicen que será.

jueves, 6 de octubre de 2011

Ahora

     De un momento a otro pasaban horas, días o semanas, realmente no lo se con certeza. Casi no los podía recordar, eran experiencias olvidables, intrascendentes. Todo ocurría en un lugar privado, en un diálogo casi conmigo mismo. Las preguntas siempre tenían respuestas escritas hace rato, pero igual las formulaba y esto me reconfortaba banalmente por un tiempo, pero nunca me llenaba. Nunca. Algunas veces surgía algún imprevisto o novedad interesante, pero lo pensaba dos veces y en realidad esas preguntas o situaciones no salían de lo obvio, de lo fácil y rápido, de lo estipulado por la situación, del esquema actual que podía predecir sin esfuerzo alguno. Hubo momentos en que traté de llevarla a otro mundo, que ni yo conocía, con formas y significados aun por definir, un mundo que sería solo nuestro... pero esto no le gustaba para nada: ella amaba su vida, su promesa de felicidad, sus amigos, sus enemigos, su rutinario trabajo, sus lindas cosas, su contradictorio mundo y a mi.
     Un día dijo que tenía algo que darme, así que insistió con argumentos cursis para convencerme y pasar el día juntos, a lo que accedí de buena manera. Ella me quería, me apreciaba, lo demostraba a menudo. "Una sorpresa, qué bien" pensé. Aunque ya se que algo me va a dar, en realidad, no es del todo una sorpresa. Esa tarde antes de vernos, estuve pensando qué sería aquello que quería darme o regalarme. Después de unos minutos, reduje las posibilidades a dos: un libro puntual que conocía, del que me había hablando bastante... o un beso. De las dos, prefería el beso: el libro me daría horas de pesadumbres y clichés norteamericanos, para los cuales no tenía tiempo, pero tendría que dedicárselo para no hacerla sentir mal. Llegado el momento, la vi venir. Sonrió al notar mi presencia; estaba más desnuda que vestida, maquillada, con alhajas varias y sus generosos pechos llamaban la atención de más de un transeúnte. "Me gustas más en joggins, con el pelo enredado, descalza y con tu remera blanca rota de esa marca desconocida que se pronuncia raro, y que quieres tirar" le hubiera querido decir, pero no podía. Nos saludamos, alabé su esfuerzo por verse bella, nos dijimos unas cuantas cosas y me anunció la sorpresa. De su cartera sacó un libro envuelto -"lo sabía"-. Al abrir el envoltorio del regalo (ese de a cuadritos con un moño dorado), me encontré con lo que esperaba. Fingí sorpresa, alegría y la abracé. Me reí por dentro unos instantes, fuimos a caminar, a ver estupideces detrás de vidrios, a hacer nada, a hacer lo que acostumbrábamos
     Entrada la noche, pasamos por su hogar que estaba a pocas cuadras de donde estábamos. Fuimos a buscar un abrigo para ella, que no soportaba más el incesante viento de la ciudad. Era primavera, pero el mundo no se enteraba, el invierno nunca se va en realidad. No para mi. Pasé al baño y mientras aliviaba mis necesidades, pensé en las dos posibilidades y en lo que quería. Pensé en el ahora, el ahora sin pasado ni futuro... la verdad se me reveló en una espinosa angustia y se me concedió lo que pedí. Al salir la encontré en el pasillo de su cuarto; me mostró su computadora, su escritorio, sus peluches, su colección de libros donde uno era más aburrido que el anterior que veía... hasta que no lo pude soportar más. La tomé del brazo y la besé. Ella respondió al beso y me abrazó con fuerza. "No habrá mañana, no habrá mañana, no habrá...", me repetía, confundido, excitado, apenado, culpable, triste, muy apenado. Ella estaba feliz, como jamás la había visto y como jamás había sido. Con la voz agitada, una sonrisa y los ojos llenos de lágrimas y cariño, quiso decirme algo... pero poniendo un dedo en sus labios, le pedí que por esta vez, guarde silencio. -"No habrá mañana, porque siempre te olvido. Siempre", me dije- Se me cayó una pesada y amarga lágrima. Tiré el libro regalado lejos nuestro hacia donde ya no lo pueda ver. Sonreí falsamente y la conduje a la incómoda cama final, donde ahogé todas mis penas en su cuerpo.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Promesas (El Otro III)

Duda,
angustia,
incertidumbre,
indecisión,
pensamientos inconclusos,
crisis,
vacío,
cambio,
tiempo vacío,
calma,
posibilidades,
libertad,
paz,
nada.
Y sobre todo eso,
la reconfortante condena a la nada.

martes, 13 de septiembre de 2011

La última pregunta

Cuando ya no haya razón para que le importe el cuerpo,
cuando las cosas y las riquezas terrenales le sean inútiles y superfluas,
cuando las habladurías y las novedades dejen de tener peso y sentido,
cuando ya no haya mañana para empezar de nuevo,
cuando en el final último...
no le quede mas que el infinito abrazo de su propia nada.


¿Dónde te ocultarás, hombre?

domingo, 4 de septiembre de 2011

Ocaso (El Otro II)

Entre las horas pasaban los momentos, 
las nubes bailaron desnudas con el viento,
y alguien oculto en ellas,
acorralado,
rendido,
parecía sonreír.
El atardecer dio un último suspiro,
y nos abrazaba con su deseo;
el mundo caía en nuestra piel,
como nieve flamígera,
que se entregaba entera,
a costa de su vida,
a cada instante.
Nos fundimos en pasión,
con la historia,
con lo etéreo,
siendo una efímera canción,
que estaba terminando,
y nadie recordaría.
El sol naufragó en sus ojos,
y la luz estalló en blanco silencio.
Ya no había planes a futuro,
o nuevo amanecer,
y la luz era nuestra.

viernes, 26 de agosto de 2011

Anónimo Hoy

Uno anhela.
Uno quiere cosas.
Uno tiene que querer cosas
Uno desea cumplir metas importantes.
Uno es libre de elegir lo anterior sin mayor esfuerzo.
Uno es libre hasta donde empieza la libertad de otro.
Uno trata de evitar las dificultades, para no complicar la existencia innecesariamente.
Uno es todos.

Uno envejece.
Uno muere algún día.
Uno muere pero no hoy ni mañana, eso no le ocurre a uno que es precavido y elocuente.
Uno tiene cosas más importantes, productivas y entretenidas que hacer y pensar que eso en este momento.
Uno es todos.

Uno comunica.
Uno comunica lo comunicado.
Uno habla con los otros, pero no con uno mismo.
Uno habla de lo que se habla, y escucha lo que por ahí se dice.
Uno tiene interés, porque si a todos interesa lo que se dice, es lo que hay de interesante.
Uno es todos.

Uno cree.
Uno cree en lo que se cree.
Uno no tiene tiempo para problematizar estupideces.
Uno quiere llegar al tiempo donde el tiempo es propio, para estar en comodidad.
Uno quiere novedad, nuevas maneras de perderse en uno mismo, olvidar lo feo y ser feliz para siempre.
Uno es así, porque la vida es asi.

Uno eres tu, yo, todos.

sábado, 20 de agosto de 2011

Despertar (El Otro I)

Suspiró y cerró los ojos mirando hacia su noche interna, y sin saber qué ocurría, se enfrentó a ese otro. Hoy lo había liberado. Aquel que gobernaba hace años sus infiernos, que lo rodeaba y asolaba con torturadoras visiones de lo diferente, aquel que saqueaba sus circunstancias en cada ocasión que los cómplices berretines del destino le presentaban.

Trató de aspirar muy fuerte, pero ya era tarde. Hoy el humano se había convertido en hombre.

Parte de él corría por sus mejillas.
Parte de él se evaporaba en la penumbra,
rechazado, extirpado.
Esa malformación, maldita,
ya partía rumbo a lo anónimo.

Esa noche se escuchó en el tiempo.